24 de septiembre de 2017

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Actuación del grupo Mercromina en la primera edición de Sonorama. Año: 1998.

 

Eran finales de los años noventa y el mundo de la música estaba cambiando. Comenzaban a realizarse nuevos festivales, como el ya desaparecido Espárrago Rock o el veterano e internacional FIB de Benicasim. Los amantes de la música independiente y de los grupos emergentes tanto españoles como extranjeros que empezaban a sonar, hacían cientos de kilómetros para vivir esas experiencias en directo. Entre ellos se encontraba la pareja formada por Javier Ajenjo y Susana Vicario, que acababan de montar una tienda de discos bajo el nombre El Planeta Sonoro, en la arandina calle Padre Claret, con más ilusión que éxito –también en esa época la piratería golpeaba duro–. Sin embargo, aquella desventura sería el detonante de Sonorama, pues lo que Javier y Susana pretendían era realizar un modesto festival en Aranda para levantar un poco la tienda y dar notoriedad al negocio en particular y a la música independiente en general.
Así fue como se hizo la primera edición de Sonorama en La Chata, nuestra antigua plaza de toros, con un cartel formado por Chucho, Mercromina y Doctor Explosión. Pero las pérdidas financieras que supuso el festival llevaron a que Javier y Susana tuvieran que pedir un crédito al banco
por un millón de pesetas cada uno, teniendo en aquel entonces los dos poco más de 20 años de edad... En definitiva, un completo batacazo.
Con todo, aquel momento crítico fue el punto de inflexión en que Sonorama emergió como la suma de sinergias de amigos, y amigos de amigos, que en un momento determinado decidieron unirse y actuar todos a una, contagiados por la vitalidad y el magnetismo que ejercía esa pareja de visionarios que soñaron con convertir Aranda en un lugar diferente y situar nuestra villa en el panorama nacional como un referente de hospitalidad, enología, gastronomía y, sobre todo, buena música.
No podemos olvidar que Art de Troya es la asociación que está detrás de todo, con cientos de socios a los que el Festival les debe su razón de ser. A ellos y también a los cientos de voluntarios que arriman el hombro en estos días de agosto, dándolo absolutamente todo, les ha visto crecer la plaza de toros de La Chata y el campo de fútbol de la Virgen de las Viñas, donde se combinaban las alegrías y las penurias por falta de medios... Tanto fue así que en 2003 a punto estuvo de suspenderse el Festival. Sus organizadores tuvieron entonces el ingenio de trasladarlo a las calles de Aranda, inundando el centro de escenarios y transformándolo en un espectáculo de masas gratuito. Los años corrieron, y la Asociación pasó de Juvenil a Cultural, los talentos se acumularon y cientos de amigos con ganas de colaborar y de hacer algo grande de verdad se pusieron manos a la obra. Por fin se inauguró el Recinto Ferial, donde Sonorama, con su organización, se consagró como Festival de altura. Desde entonces la historia pasó a escribirse con el mismo entusiasmo que Sonorama despierta hoy tanto en el público asistente como en los artistas.
Y así, como que no quiere la cosa, han pasado veinte años. El nombre de Sonorama ya forma parte de la historia de Aranda de Duero y de los grandes festivales musicales de España. Apoyado por el Consejo Regulador de la Ribera del Duero, con el atractivo de nuestra gastronomía y la vitalidad de “la villa que alegra Castilla”, el que fuera un humilde proyecto de una pareja de jóvenes soñadores se ha convertido en un verdadero referente nacional. Todos aquellos que hacen Sonorama posible y los miles de asistentes que año tras año acuden a él, han conseguido que este sueño se haya hecho tan real que hasta nos cueste trabajo creerlo.

 

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